Organizar un evento apto a todas las restricciones alimentarias

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Organizar una celebración tiene muchos frentes, y uno de los que más fácil se olvida es la alimentación de los invitados. No la comida en general, sino las restricciones particulares, ya que puede haber celiacos, intolerantes a la lactosa, alérgicos, veganos o vegetarianos. En cualquier reunión de quince personas es probable que haya al menos una con algún tipo de limitación alimentaria, y es igualmente probable que el anfitrión no lo sepa hasta que ya sea tarde para resolverlo bien. No porque nadie quiera ocultarlo, sino porque muchas veces los propios invitados no quieren dar trabajo, y muchas otras porque ni siquiera tienen un diagnóstico claro de lo que les sienta mal.

Según datos recogidos por Top Doctors, más del 30% de la población española presenta algún tipo de intolerancia alimentaria. Las más frecuentes son la intolerancia a la lactosa, a la fructosa y al sorbitol, pero los casos relacionados con el gluten han crecido de forma significativa en los últimos años. Las alergias, aunque menos frecuentes, pueden tener consecuencias más graves, como una reacción severa en mitad de la reunión. Esto, además de generar un malestar o descompostura a quien lo sufre, también puede desestabilizar toda la celebración y generar una situación de emergencia para la que la mayoría de lo presentes no estén preparados. En estos casos, es importante saber diferenciar entre una intolerancia y una alergia: la primera tan solo genera malestar, mientras que la segunda puede derivar en una reacción anafiláctica que requiere atención médica inmediata.

El gluten afecta a más personas de las que se cree

La celiaquía es probablemente la restricción más conocida después de la alergia a los frutos secos. Sin embargo, se la suele subestimar con frecuencia. Según la Federación de Asociaciones de Celiacos de España, unas 450.000 personas en España padecen la enfermedad celíaca, pero alrededor del 75% está sin diagnosticar. Esto significa que muchos invitados no saben que son celiacos, o no lo mencionan porque no tienen un diagnóstico formal. A esto se suma el colectivo con sensibilidad al gluten no celíaca, que según algunos estudios podría afectar al 6% de la población y que también se ve perjudicado cuando en la mesa no hay alternativas adecuadas.

Para quien organiza un evento, tener opciones sin gluten no es un gesto opcional sino una medida de inclusión básica. Y hacerlo bien requiere tener un cuidado especial sobre la contaminación cruzada, procurando no utilizar la misma tabla o utensilios si estos estuvieron en contacto con gluten. Hay que tener en cuenta que el más mínimo contacto puede generar problemas serios en personas con celiaquía diagnosticada. No basta con que el ingrediente principal no tenga gluten si la salsa lo lleva, o si se cortó junto al pan. Esos detalles que en una cocina doméstica son fáciles de pasar por alto, tienen consecuencias reales para quien sufre de intolerancia. Por esto, se debe entender que la celiaquía no es una preferencia alimentaria sino una condición médica, y tratarla como tal cambia el enfoque con el que se planifica la comida.

La alimentación vegana y vegetariana: de nicho a corriente

El otro cambio relevante en el perfil de los comensales tiene que ver con las elecciones dietéticas por razones éticas, medioambientales o de salud. El veganismo y el vegetarianismo han dejado de ser minoritarios en España. Según el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, la oferta de productos sin origen animal ha crecido considerablemente en los últimos años, tanto en supermercados como en servicios de alimentación, lo que refleja una demanda que ya no es marginal.

Para quien organiza un cóctel o una celebración familiar esto tiene implicaciones concretas. Servir una guarnición vegetal no alcanza para cubrir las necesidades de un comensal vegano. La proteína vegetal, los lácteos de origen vegetal, la ausencia de gelatinas animales en los postres, son todos detalles que requieren planificación previa y no se resuelven improvisando el día del evento. Quien ha tomado esa decisión dietética lo ha hecho por razones que le importan, y que la mesa no lo refleje genera una incomodidad que se puede evitar con un mínimo esfuerzo.

Pensar en un catering inclusivo

Cuando la celebración tiene un número considerable de invitados, la forma más práctica de gestionar todo esto es trabajar con un servicio de catering que ya haya incorporado estas consideraciones en su oferta. No todos lo hacen con el mismo nivel de detalle, y la diferencia se suele notar. Muchos servicios que cuentan con “opción sin gluten” lo único que hacen realmente es quitarle el pan a la bandeja, sin prestar atención a los procesos previos de la preparación. Este es un punto que se debe tener en cuenta muy atentamente. Principalmente en el último tiempo ya que, como explican desde La Frolita, la demanda de bandejas sin gluten, opciones vegetarianas y menús personalizados ha crecido de forma constante, y hoy una parte significativa de los encargos incluye algún tipo de adaptación dietética.

Anticipar estas necesidades no es una cuestión de comodidad o perfeccionismo, sino que se trata de prestarle atención a las posibles dificultades que puedan tener los invitados con respecto al menú ofrecido. Ya sea por cuestiones de salud o elección, resolverlo con antelación marca la diferencia entre una celebración en la que todos disfrutan por igual y una en la que alguien pueda quedar apartado del resto. El detalle de haber considerado a cada invitado es, además, algo que se nota y que se agradece, aunque rara vez se mencione en voz alta.

Preguntar antes, no después

El error más habitual suele estar en no preguntar a tiempo. En muchos casos, los anfitriones esperan a que los invitados mencionen sus restricciones, mientras que los invitados las callan por no querer dar trabajo. El resultado termina siendo incómodo para ambas partes, siendo que se puede evitar fácilmente con una sola pregunta que asegure si alguno de los invitados tiene alguna restricción alimentaria que se deba tener en cuenta. Se trata de una pregunta pequeña que puede ahorrar graves problemas y que, además, al hacerla, demuestra una preocupación del anfitrión hacia sus invitados.

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